Amar a las mujeres escritoras (parte I)

Desde hace algunas semanas he querido compartir algunas ideas sobre las mujeres escritoras mexicanas, no sobre unas cuantas con nombres y apellidos, sino sobre el oficio de escribir para las mujeres aquí en México. Tenía la intención de decir que me he dado cuenta de que algunas escritoras son privilegiadas por los censores culturales. Algunas mujeres escritoras son mencionadas constantemente en casi todos los suplementos culturales, en las noticias sobre estos temas, son llamadas para los festivales, las presentaciones, se les otorgan reconocimientos. Casi siempre son las mismas. De hecho, en mi imaginario son casi figuras icónicas, como Elena Poniatowska, cuyo rostro y nombre representan lo que es una “mujer escritora”. Aparece en carteles de eventos literarios, en magazines de librerías y en revistas de socialité. Esto me hace pensar ¿realmente solo tenemos estas escritoras, las de siempre? La verdad es que no tengo un censo a la mano, pero el estado de la cuestión me hace inferir que, dadas las condiciones socioculturales del país, por cada dos hombres escritores hay una mujer escritora. Me atrevo a decir, incluso, que por cada 5 hombres que publican una sola mujer lo hace.

¿De dónde obtengo estos datos? Como digo, por la inferencia de lo que observo en los medios de difusión cultural. Últimamente me he encontrado con conferencias, mesas de lectura y publicaciones en las que aproximadamente el 80% de los participantes son hombres. Por ejemplo, hace poco en la sección de opinión de la publicación Máspormás, me encontré con 9 columnas de hombres y dos de mujeres. Una de ellas Lydia Cacho, ampliamente reconocida, figura icónica.

Me pregunto nuevamente, ¿dónde están las (demás) mujeres escritoras?, ¿será acaso que no las hay, que no se atreven a serlo?, ¿será que la calidad de sus creaciones no alcanza el nivel de “publicable”?, ¿por qué no hay más mujeres, diferentes mujeres, apareciendo en estos suplementos culturales?

Sinceramente, creo que el problema no estriba en la calidad o cantidad de la escritura hecha por mujeres, sino en el poder de las cúpulas culturales, tomadas por hombres.

Ojo. No quiero decir que los hombres den preferencia de facto a sus congéneres y rechacen o excluyan automáticamente a las mujeres que escriben (aunque quizá es así). Creo que el asunto radica en que los hombres han vivido por siglos, por generaciones en la desigualdad de género, que actúan fieles a esa tradición y aunque en ellos germine la conciencia social y de equidad, no pueden practicarla conscientemente en sus vidas.

Quiero pensar que es por esta razón (no por misoginia) que los editores, directores de revistas, jueces de concursos y consejos de festivales culturales, al elegir quién aparecerá en próximas emisiones, primero escogen a sus amigos, a los que consideran buenos escritores y a las revelaciones (todos ellos hombres). Ah, y quizá, al final, si queda espacio, invitan a dos o tres mujeres (de las que se acuerdan) para que no se vea tan disparejo.

 

Invento, pero no tanto

Tobi y compañía

Cuando preguntas sobre mujeres escritoras te contestan algo como esto.

En la página 13 del documento se puede ver que en 2005 había 70% (aprox.) periodistas hombres y 30% (aprox.) mujeres.

Este autor piensa que las mujeres (y los hombres) deberían preocuparse menos por las quincenas y más por escribir. ¿Qué opinan?

Y aquí podemos ver cómo Elena Poniatowska es incluida hasta en lo que no forma parte (Literatura del Boom).

Imagen

Woman writing – Miyagawa Shunteilate 19th-early 20th century

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