Amar a las mujeres escritoras (parte II)

Ser mujer y escritora, aquí en México, supone un doble reto. Además del reto que en sí mismo es publicar o dar a conocer tu obra, tienes que sortear los prejuicios en los que cae la literatura escrita por mujeres, cuidar de que en el currículum no resalte alguna relación con los hombres reconocidos y, finalmente, entrar en el canon para ser más o menos tomada en cuenta.

Hace algunas semanas, mientras recordaba mujeres escritoras reconocidas del siglo XX, en mi mente aparecía la imagen de Nellie Campobello o Rosario Castellanos y me preguntaba si en este siglo habrá escritoras que se acerquen a este nivel. Así me di cuenta de que yo misma hago demandas a las escritoras, quiero que sean excepcionales, que sean grandes, que encajen en lo que para mí debería de ser la buena literatura. Estoy aplicando una especie de micromachismo, en donde pongo una vara a la escritura hecha por mujeres para que estén a la altura de un estándar del siglo pasado, que seguramente formó el patriarcado.

Este mismo nivel de exigencia aplicamos a las mujeres en otros ámbitos. Si escriben sobre un tema polémico, si levantan la voz para exigir respeto o si denuncian ante la ley alguna injusticia, las miradas y los dedos índices se dirigen hacia ellas. Aunque hay quien apoya sus causas, se nota más cuando la crítica tiene el objetivo de desacreditar sus acciones. ¿Ejemplos? Puedo citar más de uno reciente: la crítica a Valeria Luiselli por su columna en El País donde expresa su postura ante el feminismo; las ofensas que recibió la bloguera conocida como Plaqueta por denunciar el acoso callejero; otro caso, menos conocido, es el que nos deja saber la escritora Rowena Bali en su emisión radiofónica, sobre la crítica machista y desinformada de su obra. Estos son algunos de los innumerables casos que podemos ver todos los días circulando en la red, espacio donde ahora se desenvuelve la opinión pública dominante.

No me lavo las manos, yo misma he lanzado mis prejuicios y condicionamientos sociales hacia las mujeres. Ni siquiera nosotras somos libres del hábito cultural de menospreciar lo que hacemos.

Por esta razón, más que pedir a las mujeres que se comporten, piensen o escriban de alguna manera, para estar a la altura de una situación o de un canon, prefiero cambiar mi propia postura, prefiero comenzar a mirar lo que hacen las mujeres con nuevos ojos.

Rowena Bali, en uno de sus comentarios radiofónicos, dice que (casi) no guarda esperanza de que el machismo deje de existir en los círculos culturales o literarios. Pienso lo mismo, aún hace falta tiempo, la muerte física e ideológica de las generaciones patriarcales, para que a la mujer se le mire por solo por sus obras y no en comparación con los estándares oficialistas.

Sin embargo, mientras esto ocurre, las mujeres (y los hombres que quieran acompañarnos) necesitamos adelantar un poco el trabajo. Antes de criticar negativamente a la escritura femenina, señalar sus desaciertos y pedirle que sea excepcional, aplaudiré que una mujer escriba, que una mujer exprese su opinión sobre cualquier tema, que una mujer sea capaz de interpretar la vida del modo que su contexto se lo permita y expresarlo en el arte. Me alegraré de que una mujer escritora publiqué, de que obtenga un reconocimiento, de que aparezca en una sección o programa cultural. Festejaré aún más si cada vez es una mujer diferente, si puedo conocer cada vez a más escritoras, más artistas, más creadoras.

Además, también apoyaré que una mujer exija el respeto debido a su cuerpo y a su integridad, que busque resarcir un agravio mediante la vía legal y la que sea éticamente posible.

Es necesario que yo, como mujer, comience a generar esta mirada amorosa hacia las mujeres, esta mirada imparcial y abierta al asombro. La misma mirada que dirijo a las obras de los hombres.

Recomiendo

Escuchar Cultura Urbana, programa de radio en línea en donde Rowena Bali y Juan José Reyes nos comparten reseñas, entrevistas y reflexiones sobre la cultura (sobre todo literaria) de la Ciudad de México. Gracias a esta emisión he ampliado mis horizontes sobre las escritoras mexicanas.

Un comentario en “Amar a las mujeres escritoras (parte II)

  1. Hola Drusila Torres: has tomado una muy buena decisión. Pasar por encima del machismo que nos ha enfermado a tod@s para actuar solidariamente con las mujeres. Lo mismo haré yo. Saludos y gracias por tu recomendación.

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