Música en la cafetería

La música de la cafetería donde me encuentro está a un volumen muy fuerte e interfiere con mis pensamientos. Éxitos de los noventa interfieren con mi concentración para escribir una página más.

La cafetería se encuentra en un centro comercial de esos que en los últimos 12 años se construyeron más de 100 en la Ciudad de México. En los pasillos de esta plaza se escucha una playlist diferente, con los temas del momento; además, así como en la cafetería, cada establecimiento hace sonar su propia selección de temas.

En este centro comercial hay un gimnasio -he visto algunos con iglesias-, dentro podrías encontrar la siguiente escena: en el área de vestidores, la televisión y la radio encendidas al mismo tiempo y en los diversos salones, el profesor en turno enciende su reproductor para “amenizar” las clases de yoga, de pesas, de spinning y las demás disciplinas que se ofertan. Así de hiperestimulados estamos. Al parecer, no nos molesta escuchar un coro de voces aunque no podamos poner real atención a ninguna; paradójicamente, nos desquiciamos en el completo silencio y evitamos atender lo que dicen nuestros pensamientos. No hay cosa más aterradora que el flujo de pensamientos que surgen en nuestra mente -y su contenido.

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Escribo en mis apuntes:

Menciona tres cosas que ames: mis gatos, mi madre, el café…

Menciona tres cosas que odies: las aglomeraciones, la migraña, mi monedero vacío.

La falta de dinero me provoca ansiedad, inseguridad, desprotección, como si de un segundo a otro perdiera la capacidad de reaccionar adecuadamente ante los eventos. Es como un miedo añejado e irracional que emerge cuando veo mi monedero vacío.

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Estos son los pensamientos que surgen cuando apagamos las músicas y nos vamos quedando solos con nuestra mente. Aparecen los miedos, los malos recuerdos, las ansiedades y las preocupaciones más íntimas.

Los pensamientos son como voces que habitan en la mente. Esto me recuerda a la serie LEGION cuyo protagonista, David, tiene el superpoder de la telepatía, pero con el agregado de que puede escuchar voces del pasado, presente y futuro en el mismo instante. Durante su infancia y adolescencia, David vivió esta capacidad como un padecimiento; el terapeuta le dijo que era esquizofrenia.

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Escuchas voces que te ordenan, te dan mandamientos que estás dispuesto a seguir hasta que surge otra voz con la orden contraria. Entonces la mente habita en la confusión; cedes a una voz, después a otra, tu comportamiento es errático.

La mente del ser humano “sin padecimientos mentales” también transita por estos episodios en alguna medida. Las voces están más o menos moduladas, se hacen escuchar en los momentos en que es necesario tomar decisiones; la conciencia o el ego (el yo) atiende la voz más adecuada al contexto; en cambio, en el que atraviesa por episodios de esquizofrenia las voces se emiten siempre a todo volumen, de manera que el poder de mando del ego se diluye. El comportamiento de este individuo está regido por las voces y no por su conciencia, la personalidad se pierde.

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En los primeros capítulos de LEGION se aprecia una escena en la que el personaje que cumple el papel de mentora, Melanie Bird, enseña al superhéroe a modular las voces en su mente, como si estuviera controlando con una perilla el volumen de un equipo estereofónico; le pide que sintonice una sola de las voces y apague las demás, la voz que lo llama por su nombre, David.

Nosotros también podemos hacer este ejercicio. Escuchar los pensamientos que inundan nuestra mente, darles su justo espacio por un momento, identificar los diferentes mandatos y órdenes. ¿Son voces del pasado, del presente o del futuro?, ¿son voces aliadas o nos incitan a hacernos daño? Modulemos las voces, entre todas, una de ellas es el yo y solo está afirmando nuestra existencia, no exige modificaciones ni cambios, solo la presencia, solo dice: YO.

Me concentro.

 

Imagen de encabezado.

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