Nueva Penélope

Porque nos conocimos con los ojos del deseo

Nos elegimos de entre tantos continentes

Nos encontramos.

 

Con esos mismos ojos que al principio eran capaces de incendiar

Ahora, anegados, es que esperan.

Mas no será una bienvenida

No será un recibimiento lo que encuentres

Sino una furia apretada

La fuerza de los cierzos en potencia.

 

No quiero de ti una súplica

Ni un canto

Como el de los antiguos hombres que invocaban a las musas

-De tan antiguos eran ya niños-.

 

No pido de ti

Solo deseo

Con este mismo ojo del deseo que aún me queda

Que te muestres como vienes

Sin importar tu investidura

Si el que la porta puede llamarse hombre.

No lo dijeron bien en las noticias

 

No lo dijeron bien en las noticias.

Decían que iban cuatro y solo eran dos

Tú y el hombre con el que saliste esa noche

de la casa. Saliste sin cenar.

 

No lo contaron bien en las noticias.

Decían que allá era tu hogar.

Que estabas cerca de tu domicilio,

en la colonia de los Mártires.

Que todo fue por un asalto.

Pero allí no era tu casa y si te conocían,

era por la droga que ibas a comprar.

Medio kilo de coca

para tu venta de la noche.

 

No lo documentaron bien en las noticias.

Decían que ibas atrás pero tú manejabas

aquella camioneta.

Te estacionabas en la esquina de Becerra,

mandabas a ese güey por el paquete,

y de regreso.

 

Mintieron también en las noticias.

Decían que eras la acompañante,

que estabas viva, que llegó la ambulancia

y te llevó al hospital,

que desconocen tu nombre y tu estado de salud.

Pero cuando los reporteros llegaron,

ya estabas muerta, la bala había

atravesado tu garganta y el asiento

estaba empapado de tu sangre.

 

Me preguntaron tu edad

y no se las dije pero ellos la inventaron.

No los dejé tomar una foto

pero ellos la consiguieron.

Tampoco quise contarles que tú eras la jefa,

que ibas a comprar medio kilo de coca

que te saliste esa noche sin cenar

con ese hombre que terminó baleado

en medio de la calle.

 

Y ya no les reclamé luego

cuando leí sus mentiras en las noticias.

Pero cómo me dolió que dijeran

que allá era tu casa, que ibas atrás,

que estabas viva.

 

Algún día tendrán que corregirlo.

 

 

Sociedad igualitaria

Clamamos justicia por las víctimas

Nos unimos en búsqueda

de nuestros desaparecidos

Alzamos pancartas por la justicia

y los derechos

Nos indignamos ante la corrupción

de nuestros políticos

Pero ¿quién va a consolar a los hijos

de aquella asesina

que fue acribillada

por sus enemigos?

No creo que mi gato

No creo que mi gato

Se conciba

Como cruel.

Su inocencia radica

En su ignorancia de sí mismo.

Como decía Santo Tomás:

Felices los que no saben.

 
Qué tierno se ve mi gato

Despellejando a un parajito

Lanzando su cuerpo por los aires

Para después volver a cazarlo

En su juego infinito de la tarde.

 
Pero no puedo decir lo mismo

De esta mujer

Que descansa en el sillón de su sala

Toma el control de la tele y sintoniza

Su canal preferido.

 
No puedo decir: mira qué tierna

Justo ayer por la tarde tuvo la ocurrencia

De golpear hasta la muerte

A su hermano

Porque no quería

Continuar en el negocio.

 

 

Créditos de la imagen: Blossomed Tree, Bird, Cat, and Dog Yi Am 1499/1599

En otro lado

Textos míos que se han publicado en revistas.

 

Textos de presentaciones de libros en las que he participado.

De Trapo

De Trapo viajaba en la maleta de mano de Mariam. Acurrucada entre las ropas de algodón. Despertó después de un sueño que había durado toda la mañana y tarde. Sin embargo, cuando abrió los ojos, aún se encontraba oscuro y se debía, precisamente, a que seguía dentro del velís.

De Trapo sentía un calor húmedo en el ambiente. Ella no sudaba, pero definitivamente el vapor circundaba el espacio y traspasaba sus ropas, sus piernas rellenas de un material sintético cuyo nombre no quería saber.

Más tarde, sintió cómo la maleta se elevaba y comenzaba un leve balanceo cada vez más veloz. Podía predecir que Mariam y Mijaíl finalmente habían llegado a su destino. Lo corroboró cuando escuchó a una voz masculina gritar: Hemos llegado a Laguna del Ostión, Coatzacoalcos. Los pasajeros pueden desembarcar. El barco zarpará mañana a la una de la tarde.

Supo entonces De Trapo que por fin vería la luz de esas tierras extrañas adonde su dueña la llevaba. Otro más de los viajes de Mariam y en los que De Trapo fielmente la acompañaba.

De un momento a otro el calor fue más intenso y los balanceos más frecuentes. De Trapo escuchó como si una cascada estuviera muy cerca. Chorros de agua comenzaban a entrar en el velís; las ropas de Mariam y su propio vestido comenzaban a mojarse. El vértigo se apoderó de la pequeña De Trapo; por primera vez tuvo claustrofobia al no saber qué ocurría allá afuera. Sin mayor aviso, la maleta se abrió para dejar entrar cantidades ingentes de agua por doquier. De Trapo cayó al suelo mientras escuchaba a Mijaíl decir: Allez, allez! Y miró a Mariam empapada recogiendo algunas ropas tiradas en la arena. Solo se detuvo dos segundos y tomó con su mano las prendas mojadas que cupieron en su puño. Otras pertenencias quedaron ocultas por la mezcla de la arena y la tormenta. De Trapo vio alejarse a Mariam y Mijaíl como si huyeran de una catástrofe. Una ola venía. Arrastró a De Trapo aún más lejos de Mariam. Ella ni siquiera volteó. De Trapo sintió como si volviera a caer en un profundo sueño; su vista se nubló, dejó de escuchar y estaba tan llena de agua que incluso no flotaba sobre la ola. Se sumergió poco a poco en un líquido negro, quedó atrapada en una red verde y pegajosa.

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Despertar en la Ciudad de México

Soy la luna menguante

cuando un cachorro negro

lame sus heridas.

El faro de auto que dobla la calle.

Mi amigo de sombrero que camina a paso tierno por la acera;

una hoja de papel que se eleva, gira, danza con el viento.

En la radio una canción que suena a todo volumen.

Y en la esquina, la mujer que espera

el camión que la lleva a su trabajo.

El bostezo del joven que madruga.

Una televisión prendida, sin espectadores,

anuncia las noticias para nadie.

Afuera, un árbol que crece aprisionado en la jardinera

en franca competencia con el poste de luz.

En la siguiente calle, un campo de juego vacío,

que sabe a polvo.

Y en la barda, la imagen de la Virgen

orando por sus hijos.

Soy lo de más atrás también;

un cerro que se recupera

del incendio sufrido a medianoche.

En el cielo, la luz roja que parpadea y se acerca,

y la otra que se aleja.

Acá en el suelo, un balde de agua que se derrama

para limpiar la banqueta.

Y las aves matutinas que van de un árbol a otro,

hasta encontrar el mejor refugio.

Soy quien dice a la vieja armonía: detente.

Soy quien dice al nuevo caos:

mantente en movimiento.

Estoy tan cerca de ti,

en el sonido que usas para despertarte,

para correr por las mañanas en el parque.

En la cara que llevas al trabajo

y en los ojos hinchados de alguien

por los golpes o el llanto.

Las nubes que de rosa tornan a amarillo,

después toman el gris y al final son blancas;

el sol que apenas sale tras del valle.

Déjame decirte que Eso Soy Yo.

 

Créditos de la imagen: Vista del amanecer desde la Ciudad de México, 2013.