La belleza no es sino el advenimiento de lo terrible

O al revés. Lo terrible es el advenimiento de la belleza.

El 19 de septiembre avisaba que sería un día largo. Lo comencé a las seis de la mañana. Ese día tenía clase en la universidad, pero antes, debería ir a una reunión laboral y antes, terminar algunos pendientes de la casa. Para lograr mis propósitos, me levanté temprano a barrer y trapear los cuartos principales de mi hogar. Me gusta comenzar siempre por el interior antes de ir afuera, primero limpio lo de adentro y después atiendo los asuntos del exterior. Lavé trastes, revisé mensajes de mis estudiantes en línea, me bañé y vestí, preparé mi bolso con material didáctico y me dirigí a la reunión programada a las 9 a.m.

Aunque una fuga de agua sobre la Avenida Insurgentes hizo que la circulación se congestionara por algunos minutos, logré llegar más o menos a tiempo a la reunión. Más o menos a tiempo para los eventos que fueron aconteciendo.

Nos informaron que a las 11 habría un simulacro. El que se hace cada año en conmemoración de ese otro sismo del 19 de septiembre de 1985, que no viví, decía yo. Pero ya lo viví.

Durante el simulacro me pregunté qué pasaría si este sismo fuera real. Cómo bajaríamos de un edifico de 6 pisos más de doscientas personas. Qué lugar sería el más seguro para nosotros en la estrecha calle de Altavista, ex camino al Desierto de los Leones, llena de edificios de reciente construcción, todos ellos de más de seis pisos; cuál sería nuestro lugar de seguridad en esa callecita siempre saturada de automóviles que suben a Periférico y bajan a Insurgentes. De qué manera se podría guardar la vida de las más de 500 personas que, en pocos minutos, poblaron la calle durante el simulacro. Pero solo era un simulacro. Así que no importaba tanto que algunos refunfuñaran por tener que participar, que otros se detuvieran obstruyendo las banquetas, que no estuviera claramente señalizada la salida. Que un auto pitara desesperadamente para que lo dejáramos pasar, porque detuvimos su ruta dos minutos por el tonto simulacro. Incluso el expositor de la reunión, una vez que regresamos a la sala, nos pidió disculpas por el tiempo perdido. Disculpe usted por este simulacro hipotético de 8.0 en la escala de Richter, con epicentro en Guerrero. Todo ángel es terrible. Todas las hipótesis piden su comprobación.

Todo ángel es terrible

Sin haber vivido el sismo del 19 de septiembre de 1985. Después de la comprobación de la hipótesis que solo falló por algunos grados y unos estados de diferencia, presentí que aquellas escenas conocidas por reportajes, documentales y películas donde aparece el Papa, se repetirían. No ví caer ningún edificio, no vi ningún desastre durante los tres minutos que duró el sismo, pero la hipótesis comprobada nos decía, a las miles de personas que andaban de un lado a otro en las calles, que aquellas escenas se estaban repitiendo. Dos tiempos estaban sucediendo como universos paralelos, un pasado aparentemente superado y un presente redivivo.

Y es que los ángeles, se dice, a veces no distinguen si están entre los vivos o los muertos, si están en 1953, en 1985 o en 2017.

Después de dos horas caminando sobre Insurgentes para llegar a la casa y ver que paredes, tanques de gas y gatos estuvieran bien, nos dimos cuenta de que no había luz, no teníamos teléfono ni manera de saber qué estaba pasando más allá de las hordas de gente caminando; algunas de ellas humanamente auxiliadas por automovilistas que las llevaron “de ride” a su destino, la gran mayoría de estos solo estaban en su propio asunto de cláxones y carriles. Me di cuenta del poder de los pies y de la inutilidad de un auto que no avanza y que tampoco puede trasladar a una sola persona atrapada en el tráfico de Insurgentes.

Afortunadamente, guardamos un teléfono que resultó bastante inteligente a pesar de su tecnología de 2010. Tenía radio y lo prendimos. Nos enteramos de los edificios caídos en distintos puntos de la ciudad. Una escuela caída. La Roma y la Condesa (lugar de donde emigramos en 2014 después del sismo de Viernes Santo) con varios edificios colapsados. Se necesitan voluntarios para levantar escombros y rescatar a gente que probablemente yace bajo toneladas de concreto, las necesitamos en la explanada de la delegación Cuauhtémoc.

Fuimos.

 

Pero en fin, los urgidos prematuros

Que se marcharon ya, no necesitan

de nosotros.

Pero nosotros, que necesitamos

De tan grandes misterios:

Nosotros, para quien de la misma tristeza

Brota un aumento de felicidad

¿Podríamos vivir sin ellos?

De la explanada de la delegación Cuauhtémoc (en la que vimos al delegado con cara acongojada, junto con su esposa, posando para los medios de comunicación) a los cientos de personas que asistimos como voluntarios nos dividieron en equipos y nos llevaron a las zonas damnificadas. Pero mi equipo, por lo menos, en ningún lugar fue requerido.

El primer lugar que visitamos fue el laboratorio de la calle de Puebla 282, en la Roma Norte. Nos informaron que había materiales tóxicos que no podrían ser manipulados por ciudadanos comunes y corrientes. Aquí solo los de la Marina y la Cruz Roja. Mejor vayan a Chimalpopoca y Bolívar, ahí se necesita mucha gente.

Con la astucia de la juventud para secuestrar camiones, los más jóvenes del equipo convencieron al chofer de un autobús de que nos llevara a la colonia Obrera. Arribamos pero sin ser ya solicitados; en cambio, la gente aglomeraba las calles, se amontonaban por todos lados automóviles con víveres, con herramientas para quitar escombros. Aquí no los necesitamos, no obstruyan la calle, gritaban los oficiales en evidente desesperación por el desorden de los curiosos, los que querían ayudar y los vecinos del lugar.

Mientras un montón de extraños pasaban por las calles con cubetas, palas y botellas de agua, los vecinos más pequeños, los que eran de allí, jugaban futbol en el deportivo de la esquina. Atrás gritando por ayuda: necesitamos unas cuerdas, cuerdas, consigan cuerdas; los niños: ¡goooool!

Los dos días siguientes también buscamos dónde serían útiles nuestras manos. Que la carrera que estudié me sirva de algo, pensaba, aunque sea para levantar escombros. Pero no encontraba dónde. Estas ansias por ayudar pronto se convirtieron en frustración por no lograrlo. Qué estoy haciendo, qué estoy no haciendo, qué debo hacer, me preguntaba. No sabía cómo servir a mi ciudad, a mi país, cómo servir a toda esa gente que no conocía pero que ahora presentía tan cercana, parte de mí, de mi familia.

Un sentimiento de impotencia se apoderaba de mí. Solo supe rezar, fui a rezar a un lugar sagrado, a entregar mi voluntad a Lo Más Grande, Lo que había originado esto, la Causa, el Sismo y la Finalidad. Me pongo a Tus pies, soy tu siervo.

Entonces sobrevino la belleza.

Conocimos el amor. Contemplé como testigo a filas de personas cargando víveres, herramientas, informando sobre  las necesidades de la gente, juntando brigadas de apoyo, yendo a los albergues a limpiar, cocinar o reconfortar de alguna u otra manera a nuestros hermanos.

Gente que se formaba por horas para entrar a una zona cero a cargar, durante otras muchas horas, una carretilla con escombro. Gente que se trasladaba de norte a centro o de sur a centro de la república para dar alimento, consulta gratuita o contar un cuento a niños aburridos y desconsolados en los albergues y pueblos.

Civiles, soldados, marines, bomberos, rescatistas de muchas nacionalidades y perros entrenados trabajaban meticulosamente, con precisión de cirujano, retirando una a una capas de concreto, con la esperanza de que de alguna de ellas emergiera la vida.

Conocimos el amor tal como es. Puro. En ese momento pasaba a segundo término lo particular de la persona debajo del concreto: hombre, mujer, niño, político, delincuente, anciano, inmigrante documentado o indocumentado, ser humano o animal, de raza o mestizo. Los que conocen el amor no distinguen, estamos aquí para la vida.

Esto es el amor. Querer ver con vida lo otro, ver respirar lo otro porque soy yo, porque está vivo, porque si lo otro falta yo estoy incompleto.

Dos semanas después nuestros corazones pudieron descansar cuando encontraron el último cuerpo en Álvaro Obregón 286. Eso es el amor: no descansaré hasta que todos sean vistos.

No queremos regresar a la normalidad, decían las personas. Si esto es el amor, no queremos regresar a ese otro estadio en el que nos separamos, pasamos de largo por la vida del otro, ignoramos su existencia, hacemos distinciones. No queremos regresar a la normalidad de gente encerrada en su cubículo, de niños sentados en pupitres escuchando sermones del profesor, de jóvenes enajenados a pantallas, de departamentos de 35 metros cuadrados que cuestan dos millones de pesos, de tráfico, de transporte atiborrado; prefiero tener el alma en vilo por la vida del otro que regresar a esa miserable normalidad.

Sin embargo, aquello otro también es una cara del amor: la queja por las calles intransitables, por la interrupción del trabajo, por los negocios cerrados y, dos semanas después, la gente volviendo al trabajo, aún entre el polvo y las macetas rotas. Regresar completamente, mirar de nuevo el programa de televisión que había sido suspendido, hablar de los estrenos de las películas, comenzar sus campañas para la presidencia. Eso también es el amor que quiere mantener el sistema como siempre, que se opone al cambio porque implica abandonar la seguridad y dirigirse a la destrucción, porque implica la desaparición de lo que ha permanecido tantos años, aunque no funcione. El amor es querer que todo permanezca, todo.

Queremos creer que los eventos son pruebas de vida, pero quizá simplemente ocurren sin ningún motivo, sin finalidad. No están dirigidos a nadie. La vida solo es eso ocurriendo y el humano es solo un papalote siendo volado por las manos de un niño inquieto.

Quizá la hipótesis no quería probar nada.

Y a la luz de tres semanas de distancia, pero que también parecen como treinta y dos años y como ayer, regresamos a nuestras vidas, con esta nueva rutina y con el conocimiento de que la tierra aún pide algo de nosotros.

 

Dinos, tierra: ¿no es eso lo que quieres, renacer

en nosotros, invisible? ¿No es tu sueño poder ser

invisible alguna vez? -¡La tierra! ¡Invisible!

¿Qué misión impones sino la transformación

absoluta?

Tierra, a quien yo amo, así lo quiero.

Oh, créeme: tu no necesitas ya

tus primaveras para conquistarme.

Una de ellas, ah, solo una,

es demasiado ya para mi sangre.

Indeciblemente me someto a ti; desde lo más remoto

vengo a ti consagrado.

Siempre tuviste razón. Y tu inspiración más sagrada

es la muerte -la muerte amiga.

Mira, yo estoy viviendo…

¿De qué? Ni la infancia ni el porvenir

disminuyen. Una existencia numerosa

brota en mi corazón.

 

Nota: Las frases y versos en cursiva corresponden a Las Elegías de Duino de Rainer María Rilke, en la versión de Juan Rulfo, editorial Sexto Piso. Este poema me acompañó y reconfortó durante los días posteriores al sismo.

De cómo mis gatos me regresaron la felicidad

Seré tus ojos, tus manos y tu amor.
Cuando esto suceda
las cosas que odiaste
se volverán tus ayudantes.
Rumi

Los conocí hace dos años

Dicen que los gatos son los dueños de internet. Es cierto. Me puedo pasar horas viendo videos y fotos de ellos. Me siento feliz. En la casa tengo dos mininos. El año pasado perdí uno a causa de la leucemia, eso lo cuento en Amar a los animales.
Cuando estoy en casa, todo el día se trata de los gatos: me despiertan a las 4 a.m. para servirse de comer, lo primero que hago al levantarme es revisar que esté limpio el arenero y su fuente de agua. También son dueños de mis espacios, se duermen en mis sillas, sobre mis cuadernos, en el teclado de la computadora. Se apropian también de mis quincenas entre la comida y el veterinario.
Sin embargo, esta convivencia entre los gatos y yo empezó apenas hace dos años. La casa a la que había llegado a vivir me parecía demasiado grande para las personas que la habitaríamos; había un jardín que antes habían disfrutado niños y perros. Sabía que faltaba algo en esta casa. Además, necesitaba alguien que me acompañara, que fuera mi compañero «de oficina», porque yo trabajo mucho tiempo en la casa.
Necesitaba un gato. Una amiga puso en Instagram la foto de una camada que había nacido recientemente en su jardín. No lo pensé mucho, fui por uno.
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Del instagram de mi amiga: Catulo y su hermanita

Alergia inesperada

Desde que el pequeño gato de dos meses de edad llegó a mi casa, comenzó el ataque alérgico. Me lloraban los ojos, tenía escurrimiento nasal y, aún peor, se me cerraba la garganta. Parecía que sería imposible que el minino y yo estuviéramos cerca. Pero era un cachorro y estaba acostumbrado a jugar con sus hermanitos (a los que dejamos en el jardín de mi amiga), así que el pequeño la pasaba mal, pues yo solo me dedicaba a bajarlo de escritorio, retirarlo de mis piernas cuando quería dormirse encima y lo mandaba a una habitación aparte. Me sentía terrible al escucharlo maullar por las noches, porque estaba solo en una habitación grande, y oscura.
Definitivamente no permitiría que esta situación durara mucho tiempo. No quería estar separada del gato al que había traído con tanta ilusión. Tomé la recomendación de mi marido que fue hacer una sesión de Terapia Tapping EFT que, de acuerdo con sus investigación, era muy recomendada para las alergias y fobias. La verdad es que no creía y sigo sin creer en esta terapia, pero no sé, de alguna manera se fueron liberando emociones que me hicieron descubrir el origen de mi alergia.

Liberando emociones

La terapia de tapping EFT consiste en hacer presión en ciertos puntos del rostro y del cuerpo con los propios dedos (digitopuntura), mientras repites algunas frases relacionadas con lo que no puedes tomar en ese momento. Les digo, parece una tomada de pelo pero por alguna razón me funcionó. La primera frase fue: «Aunque tengo esta alergia, me amo y me acepto completa y profundamente»; después siguió la frase: «Aunque esta alergia me hace estornudar y llorar, me amo y me acepto completa y profundamente»; después: «Aunque lloro porque no puedo tener este gato, me amo y me acepto completa y profundamente».
Entonces surgió la pregunta: ¿qué representaba el gato en ese momento de mi vida?, ¿qué representaba el gato en mi vida?

La simbología del gato

Cuando nací, mi padre tenía dos gatos que se llamaban Bandida y Nietzsche. Conviví con ellos los primeros meses de mi vida y después mi padre los vendió, los regaló o algo así (espero que hayan tenido un buen destino). Al ver las fotos de cuando me miran con su conocida curiosidad o la foto donde mi papá me sostiene en un brazo y en el otro carga a la gata, pienso que esos eran tiempos felices. Que esa época fue la mejor de mi vida porque estaba con mis padres, porque estábamos juntos. Esos animalitos representaban una felicidad que se esfumó y se transformó un destino completamente diferente. Los gatos representaban la felicidad del paraíso de la infancia.
Entonces llegó la última frase, la que me curó de la alergia: «Aunque no puedo ser feliz otra vez, me amo y me acepto completa y profundamente».
[Ahora mismo que escribo esto me regresa un poco esa sensación de alergia. Siento que hay algo de aquel impedimento que sigue aquí presente.]
Estuve con esta frase largo tiempo. En total, la terapia de Tapping la realicé en una sola sesión que duró dos horas. Terminé muy cansada y llorando. Venían a mí todas esas imágenes de mi vida sin mi padre, sin gatos, lejos de ese hogar que era como el paraíso. Y tenía la dicha justo enfrente de mí, en esa mascota de tres meses de edad que iba a acompañarme en mis días con esta nueva felicidad que estaba disponible para mí.
Me fui a dormir.
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Yo, Bandida y Nietzsche

La felicidad

Poco tiempo después de esta sesión de Tapping completamente casera, me curé de la alergia hacia los gatos. Unos días después dejé de lloriquear, de tener escurrimiento nasales y estornudos. Catulo, pudo ronronear, jugar y descansar cerca de mí. Algunos meses después llegaron dos más a la casa. A la hembrita le puse Bandida.
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Tres gatos
Más que el Tapping, creo que me curó el autodescubrimiento, ese escarbar en lo profundo del alma y del inconsciente hasta llegar al origen de nuestros aparentes obstáculos, de lo que nos permite alcanzar nuestros deseos.
De vez en vez, regreso a esa indagación para liberarme de lo que me atora: ¿a qué le tengo miedo el día de hoy?, ¿qué me detiene para alcanzar mi objetivo?, ¿por qué no puedo ser feliz?
En aquel momento, la respuesta no era una alergia a los gatos. Era yo mi propia alergia, tenía miedo de aceptar la felicidad, a darle una oportunidad porque ya antes había fracasado. Ahora puedo ver a los mininos como la máxima expresión de la felicidad. Disfruto de estos momentos que pasamos juntos como una joya preciada; a través del amor hacia mis gatos imagino cómo era el amor de mi padre y me reconozco amando como él, feliz como fui antes, feliz ahora.

Escribir la autobiografía. Encontrar las raíces

En el texto donde hablé de El derecho a escribir (El camino del artista) comenté que uno de los ejercicios que propone Julia Cameron para despertar la creatividad es la escritura de una línea de vida. Esta actividad es muy útil, no solo para la creatividad sino algo todavía más profundo, para conocer el origen de nuestra creación misma. Con creación me refiero a de dónde venimos, nuestro origen.

En el Diplomado en los Avances de las Constelaciones Familiares, que cursé en el Instituto Luz sobre Luz, respaldado por CUDEC, el trabajo final consiste en entregar la escritura de la “Autobiografía”. Este ejercicio es tan necesario y útil para cualquier persona, que vale la pena compartir en qué consiste. Dependiendo del tipo de familia en que te tocó nacer, será una empresa sencilla o titánica, un camino fluido o lleno de baches (como a mí me tocó) una labor de recopilación o de investigación. De cualquier manera, adentrarse en las raíces del árbol de la vida resulta una experiencia de autoconocimiento y, sobre todo, un camino para sentirse completo y con seguridad en la vida.

Construir la autobiografía

De acuerdo con lo sugerido en el diplomado, supone:

  • Dibujar el árbol familiar. Obviamente en las raíces van los bisabuelos y en las ramas los bisnietos.
  • Escribir lo que fue pasando en tu vida, año con año; desde el año 0 al 1 y así hasta tu edad actual. Anexar una foto de cada año y una descripción de la misma.
  • Recapitular en ciclos de 7 años tu vida. Destacar los principales cambios y dinámicas que se repitan. (Esto es lo más parecido a la sugerencia de Julia Cameron).
  • Describir a cada miembro de tu familia en una cuartilla (sus principales características de personalidad y los hechos más relevantes de su vida). Añadir una fotografía del familiar y una breve descripción de la misma.
  • Identificar el linaje, de acuerdo con del sexo del autor. Si es masculino, será la línea de hijo, papá, abuelo, bisabuelo. Si es femenino: hija, mamá, abuela, bisabuela.
  • Como extra: se pueden escribir “cartas” de agradecimiento a algunos miembros del sistema familiar.

Es importante considerar que los datos y hechos escritos deberán ser reales, es decir, no es un relato de ficción en donde el autor tenga que completar los hechos con alguna invención. Es mejor la sinceridad cuando se desconoce o no se está seguro de los datos. Asimismo, es importante que el escritor omita el juicio hacia los miembros que describe.

Todos están incluidos. Con esto me refiero a que se tiene que escribir sobre la vida y reconocer la presencia de los siguientes miembros de la familia: padres biológicos y sus hermanos, abuelos biológicos y sus hermanos, bisabuelos biológicos. En esta indagación no están incluidos los padres adoptivos o miembros políticos de la familia, pues se trata de reconocer el origen de la propia vida y mirar, quizá por primera vez, a aquellos que habían sido excluidos.

Las revelaciones que surgen a partir de la escritura de la autobiografía tocan dimensiones no vistas por el autor. Por ejemplo, uno puede darse cuenta de que ciertos patrones de vida se repiten en el árbol familiar: profesiones, enfermedades, causas de muerte, dinámicas entre las parejas, costumbres arraigadas. El solo hecho de poner a la luz una dinámica oculta, en sí mismo es una puerta hacia la sanación de hábitos o formas de relacionarse que han perjudicado a nuestra familia, y nosotros mismos, por generaciones.

 

¿Qué tanto investigar?

Seamos conscientes de que en algunas familias las historias de personas o de hechos del pasado están veladas, en ocasiones incluso está prohibido hablar de ciertos temas o se guardan secretos celosamente. El interés de la autobiografía, en este contexto, no es el de un ministerio de la verdad en el que sea necesario enlistar todos los acontecimientos sin omitir detalles; no, la importancia está en no excluir personas, pero se respeta aquella información que no está permitido saber; consideremos que, a veces, la familia decide ocultar información para evitarnos algún daño. Por esta razón tampoco será prudente preguntar más allá de donde quieran respondernos nuestros familiares. Si notamos que alguien no sabe, no se acuerda o simplemente se siente incómodo contando algunos hechos o hablando de ciertas personas, ahí paramos. Esto también se mira y se integra.

Sin embargo, para la búsqueda de los nombres completos, fechas y lugares de nacimiento, nos podemos apoyar de algunas herramientas digitales que nos ayudan a encontrar estos datos y otros eventos importantes como matrimonios, bautismos, cruces de frontera y defunciones. Las dos principales herramientas que recomiendo son Family Search y Ancestry.

Family Search es una base de datos creada por la comunidad de La Iglesia de los Santos de los Últimos Días (mormones). Comienzas creando tu árbol familiar y sus buscadores te permiten encontrar datos de la vida de las personas añadidas. Es completamente gratuito.

Ancestry ofrece un servicio similar, sin embargo, hay que pagar una cuota por acceder a ciertos documentos; no obstante, con el mes de prueba puedes avanzar bastante en la documentación de tu árbol genealógico. Además, puedes actualizar las búsquedas con Family Search y hacer búsquedas cruzadas con este.

Familias novohispanas. Es una base de datos ofrecida por Geneanet y el Seminario de Genealogía Mexicana (Instituto de Investigaciones Históricas- UNAM) en donde puedes encontrar datos de tus ancestros, sobre todo si hay en tu familia inmigrantes de Europa que hayan venido a México en los siglos XVIII y XIX.

Para finalizar

En mi experiencia personal, la investigación y búsqueda de mis raíces me ha dejado muchas satisfacciones. Digamos que sabía un 5% de la información de mis ancestros y ahora estoy en un 80%. Tan solo con algunos datos de acontecimientos he llegado a conocer cercanamente a mujeres y hombres de los que antes no sabía ni su nombre. Aunque ya no estén presentes, las historias de su vida, los lugares donde vivieron, las personas con las que se relacionaron nos conectan. Por primera vez, después de muchos años, sé que pertenezco a un lugar, a una familia. Ahí están mis ancestros, mis hombres y mujeres, mis raíces, la fuerza de donde vengo.

Sociedad igualitaria

Clamamos justicia por las víctimas

Nos unimos en búsqueda

de nuestros desaparecidos

Alzamos pancartas por la justicia

y los derechos

Nos indignamos ante la corrupción

de nuestros políticos

Pero ¿quién va a consolar a los hijos

de aquella asesina

que fue acribillada

por sus enemigos?

Amor profundo

Hace un año, quizá un poco menos, estuve preparando una serie de poemas para mandarlos a un concurso, en realidad a dos. Preparando no quiere decir escribiendo, sino repasando, corrigiendo, tratando de hacer inteligibles aquellas palabras. Los pobres poemas no consiguieron nada en los concursos, pero eso no es lo que quiero contarles.

El caso es que estaba yo con los poemas y justo en esos días adquirí un extraño padecimiento en las encías. Eran como una especie de aftas que nacían en las encías, a la altura de los dientes caninos. Digo “una especie de aftas” porque no eran aftas, era algo peor, eran una cosa horrible y dolorosa. Implicaba un suplicio lavarse los dientes, comer o tomar una rica taza de café caliente; esto era lo que más padecía. Estaba tan ocupada con el trabajo que aplacé la visita al dentista durante dos semanas. Los remedios caseros y el lavado constante con productos del botiquín no aportaban alguna mejora; al contrario, cada día sentía y veía como esas heridas se agrandaban. Tenía miedo de perder mis dientes, de tener alguna infección, de no encontrar una solución a esta enfermedad que terriblemente consumía mis encías.

Mientras los días pasaban, me di cuenta de que este alboroto era, más que de salud, existencial, y que se debía a que estaba poniendo mi atención en algo que realmente me interesaba: la poesía.

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De Trapo

De Trapo viajaba en la maleta de mano de Mariam. Acurrucada entre las ropas de algodón. Despertó después de un sueño que había durado toda la mañana y tarde. Sin embargo, cuando abrió los ojos, aún se encontraba oscuro y se debía, precisamente, a que seguía dentro del velís.

De Trapo sentía un calor húmedo en el ambiente. Ella no sudaba, pero definitivamente el vapor circundaba el espacio y traspasaba sus ropas, sus piernas rellenas de un material sintético cuyo nombre no quería saber.

Más tarde, sintió cómo la maleta se elevaba y comenzaba un leve balanceo cada vez más veloz. Podía predecir que Mariam y Mijaíl finalmente habían llegado a su destino. Lo corroboró cuando escuchó a una voz masculina gritar: Hemos llegado a Laguna del Ostión, Coatzacoalcos. Los pasajeros pueden desembarcar. El barco zarpará mañana a la una de la tarde.

Supo entonces De Trapo que por fin vería la luz de esas tierras extrañas adonde su dueña la llevaba. Otro más de los viajes de Mariam y en los que De Trapo fielmente la acompañaba.

De un momento a otro el calor fue más intenso y los balanceos más frecuentes. De Trapo escuchó como si una cascada estuviera muy cerca. Chorros de agua comenzaban a entrar en el velís; las ropas de Mariam y su propio vestido comenzaban a mojarse. El vértigo se apoderó de la pequeña De Trapo; por primera vez tuvo claustrofobia al no saber qué ocurría allá afuera. Sin mayor aviso, la maleta se abrió para dejar entrar cantidades ingentes de agua por doquier. De Trapo cayó al suelo mientras escuchaba a Mijaíl decir: Allez, allez! Y miró a Mariam empapada recogiendo algunas ropas tiradas en la arena. Solo se detuvo dos segundos y tomó con su mano las prendas mojadas que cupieron en su puño. Otras pertenencias quedaron ocultas por la mezcla de la arena y la tormenta. De Trapo vio alejarse a Mariam y Mijaíl como si huyeran de una catástrofe. Una ola venía. Arrastró a De Trapo aún más lejos de Mariam. Ella ni siquiera volteó. De Trapo sintió como si volviera a caer en un profundo sueño; su vista se nubló, dejó de escuchar y estaba tan llena de agua que incluso no flotaba sobre la ola. Se sumergió poco a poco en un líquido negro, quedó atrapada en una red verde y pegajosa.

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Cárcel de amor

Estamos apegados a la idea de nosotros mismos. Construimos una personalidad con mucho cuidado y atención. ¿Cuánto tiempo del día gastamos en ello? Ante la mínima oportunidad expresamos:

  • Me gusta esto…
  • Yo soy así…
  • No soporto aquello…
  • Solo disfruto hacer estas cosas…

Es como construir una cárcel.

Cada vez que nos definimos, levantamos alrededor de nosotros como una muralla. Incluso tomamos en serio esa personalidad como si no fuera, realmente, solo un artificio del ego para sobrevivir.

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