No creo que mi gato

No creo que mi gato

Se conciba

Como cruel.

Su inocencia radica

En su ignorancia de sí mismo.

Como decía Santo Tomás:

Felices los que no saben.

 
Qué tierno se ve mi gato

Despellejando a un parajito

Lanzando su cuerpo por los aires

Para después volver a cazarlo

En su juego infinito de la tarde.

 
Pero no puedo decir lo mismo

De esta mujer

Que descansa en el sillón de su sala

Toma el control de la tele y sintoniza

Su canal preferido.

 
No puedo decir: mira qué tierna

Justo ayer por la tarde tuvo la ocurrencia

De golpear hasta la muerte

A su hermano

Porque no quería

Continuar en el negocio.

 

 

Créditos de la imagen: Blossomed Tree, Bird, Cat, and Dog Yi Am 1499/1599

Amar a los animales

“Van a sacrificar 236 perros en la perrera del Pilar. Al menos 60 de ellos son cachorros. Si saben de alguien a quien le interese, pasen la voz”.

 

Esto leí hace unos días en una página de Facebook. Inmediatamente me imagino a mí misma con un cachorrito al que me daría tanto gusto amar. Sin embargo, si pienso unos segundos más: todo lo que tendré que hacer y mover para poder tener a ese animalito cómodo y con una vida digna, poco a poco me voy arrepintiendo de ir a buscarlo.

Porque además está el hecho de que ya tengo dos gatos en la casa, que seguramente resentirían el cambio. La casa en sí misma, aunque vivo aquí, no es mía; no sé cuánto tiempo viviré aquí y no sé adónde me mudaré. ¿Qué pasaría después si no puedo brindarles el espacio que necesitan?

¡Pero van a sacrificar a 236 perritos!

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